martes, marzo 06, 2007

Nunca más otro

Porque ya no le debo nada a nadie, porque puedo levantar mi cabeza y mirar lo que me de la gana, porque ya no temo ser yo, porque soy feliz por tener lo que tengo, porque soy feliz por tener porque ellos son infelices , porque puedo saludar a los que me saludan, porque puedo saludar a los que me de gana y no hablarle a los que me caigan mal, porque no necesito alguien que me apoye para hacer lo que quiero, porque son ellos los que ahora me deben, porque son ellos los que ahora me deben, porque son ellos los que me deben saludar, porque ellos deben pedir mi apoyo, porque yo ya soy el que soy y punto, porque son ellos los que ahora hablan de mi, porque me nombran confiriéndome autoridad, porque me nombran sin conocerlos, porque me miran con temor de que les devuelva la mirada, porque no les debo y los miro a los ojos con odio, porque a mi que me importa lo que hagan, porque soy superior con ellos o sin ellos, porque no necesito que me hablen, porque solo me importa una persona en el mundo. Por eso ahora soy diferente , no se que inicio el cambio, si fue ese sentimiento que invadió mi corazón o la desconfianza que me produces, o el odio por no estar con quien quiero, o el poder de verlo todo y sentirme superior, o la angustia de que te escapes a mi mirada. No se que fue , pero de que fuiste tu no hay duda. No se si el cambio es para bien o para mal , pero hasta donde sea iré por ti. Porque te amo.

jueves, febrero 22, 2007

Nadie nunca dice nada

No se puede decir nada. Un hombre desilusionado de nuevo, sentado en una banca mendigosa húmeda, orinada, raída, verdosa, áspera. Un pantalón raído por la moda, unos zapatos sin cuero, una camisa nueva. Un hombre de los de ahora, desilusionado de la vida, del amor, de las mujeres, de la tecnología, de la muerte, del fracaso, del éxito, sin sabor ya en la boca, con dolor del estomago, dolor por miedo. Con miedo al espejo y a los charcos y a las vitrinas que reflejan su odiosa imagen con un trasfondo de cocodrilos caros. El hombre nuevo que teme mirar el espejo, un hombre sin reflejo porque no puede con él mismo, como hacerlo con dos. Apenas ayer se dio cuenta de todo, apenas ayer cuando llovió todo el día y no salio de su apartamento. Ayer cuando Marta lo llamó y le dijo que ya no iba a ir , que ya no mas , que la situación estaba complicada y que muchos pagarían para estar con ella, como pa pegarse a un asalariado neoyupi , con los bolsillos plásticos pero aun así vacíos. Entonces simplemente soltó el teléfono, al carajo la pantalla liquida. Entonces le puso cuidado a lo que pasa afuera, miró con atención como llovía, como las gotas se chocaban sin más remedio contra su vidrio, como después se reagrupaban y en danza simple corrían por las calles hasta las alcantarillas y de ahí en adelante para él no existían. Se dejó caer sobe su sofá, un sofá sintético estilo oriental adaptado a lo de ahora, desde allí siguió viendo llover , y pensó en el mundo, lo que hay afuera, el resto de personas, quienes son, acaso piensan tanto como yo , acaso algún día han caído en sofá y han pensado en mi, acaso soy para ellos. Entonces le dio pereza seguir, le dolió la cabeza y el estomago, se llenó de energía y golpeo duro el sofá, partículas de polvo se elevaron y caían casi sin peso, otra vez lo mismo que con las gotas. Se quedo dormido.

No había pensado en hacerte una carta desde que te fuiste pero ahora siento la necesidad, desde ayer me ataca una incertidumbre, tengo algo en el pecho, pero a lo mejor tengo algo en la cabeza, cabeza grande que me tocó y me obliga a apoyarla constantemente. La incertidumbre, el malestar, eso me acosa. Hace unos días no pensaba en nada y ahora pienso en todo, llevo dos días sin ir al trabajo, eso me ha dado tiempo pero también me ata a mi cama. Para que salir si desde aquí aprendo el mundo, o yo lo creo, del verbo crear.
Para que escribir una historia sino tengo un final.

Salí a la calle y nada era igual, que estupidez que sentido tiene si nada existe, o si, pero todos saben y para que filosofar si es repetir lo que otros ha dicho sino que ellos si lo explican bien.

Un oscuro mar denso y tenso por los ruidos que llegan de la ciudad, un mar contaminado profundo, en penurias que he derramado desde mi ventana, corren rápidas por los canales y llegan a su gran morada, un mar negro y profundo como tus ojos que están malditos, tus ojos que no aceptaron mis penurias, ya bastantes tendrías, mujer maldita que rasga su vientre y expulsa convirtiendo vida en muerte, no mereces perdón pero acaso quien lo da, acaso quien lo merece.