No se puede decir nada. Un hombre desilusionado de nuevo, sentado en una banca mendigosa húmeda, orinada, raída, verdosa, áspera. Un pantalón raído por la moda, unos zapatos sin cuero, una camisa nueva. Un hombre de los de ahora, desilusionado de la vida, del amor, de las mujeres, de la tecnología, de la muerte, del fracaso, del éxito, sin sabor ya en la boca, con dolor del estomago, dolor por miedo. Con miedo al espejo y a los charcos y a las vitrinas que reflejan su odiosa imagen con un trasfondo de cocodrilos caros. El hombre nuevo que teme mirar el espejo, un hombre sin reflejo porque no puede con él mismo, como hacerlo con dos. Apenas ayer se dio cuenta de todo, apenas ayer cuando llovió todo el día y no salio de su apartamento. Ayer cuando Marta lo llamó y le dijo que ya no iba a ir , que ya no mas , que la situación estaba complicada y que muchos pagarían para estar con ella, como pa pegarse a un asalariado neoyupi , con los bolsillos plásticos pero aun así vacíos. Entonces simplemente soltó el teléfono, al carajo la pantalla liquida. Entonces le puso cuidado a lo que pasa afuera, miró con atención como llovía, como las gotas se chocaban sin más remedio contra su vidrio, como después se reagrupaban y en danza simple corrían por las calles hasta las alcantarillas y de ahí en adelante para él no existían. Se dejó caer sobe su sofá, un sofá sintético estilo oriental adaptado a lo de ahora, desde allí siguió viendo llover , y pensó en el mundo, lo que hay afuera, el resto de personas, quienes son, acaso piensan tanto como yo , acaso algún día han caído en sofá y han pensado en mi, acaso soy para ellos. Entonces le dio pereza seguir, le dolió la cabeza y el estomago, se llenó de energía y golpeo duro el sofá, partículas de polvo se elevaron y caían casi sin peso, otra vez lo mismo que con las gotas. Se quedo dormido.
No había pensado en hacerte una carta desde que te fuiste pero ahora siento la necesidad, desde ayer me ataca una incertidumbre, tengo algo en el pecho, pero a lo mejor tengo algo en la cabeza, cabeza grande que me tocó y me obliga a apoyarla constantemente. La incertidumbre, el malestar, eso me acosa. Hace unos días no pensaba en nada y ahora pienso en todo, llevo dos días sin ir al trabajo, eso me ha dado tiempo pero también me ata a mi cama. Para que salir si desde aquí aprendo el mundo, o yo lo creo, del verbo crear.
Para que escribir una historia sino tengo un final.
Salí a la calle y nada era igual, que estupidez que sentido tiene si nada existe, o si, pero todos saben y para que filosofar si es repetir lo que otros ha dicho sino que ellos si lo explican bien.
Un oscuro mar denso y tenso por los ruidos que llegan de la ciudad, un mar contaminado profundo, en penurias que he derramado desde mi ventana, corren rápidas por los canales y llegan a su gran morada, un mar negro y profundo como tus ojos que están malditos, tus ojos que no aceptaron mis penurias, ya bastantes tendrías, mujer maldita que rasga su vientre y expulsa convirtiendo vida en muerte, no mereces perdón pero acaso quien lo da, acaso quien lo merece.
No había pensado en hacerte una carta desde que te fuiste pero ahora siento la necesidad, desde ayer me ataca una incertidumbre, tengo algo en el pecho, pero a lo mejor tengo algo en la cabeza, cabeza grande que me tocó y me obliga a apoyarla constantemente. La incertidumbre, el malestar, eso me acosa. Hace unos días no pensaba en nada y ahora pienso en todo, llevo dos días sin ir al trabajo, eso me ha dado tiempo pero también me ata a mi cama. Para que salir si desde aquí aprendo el mundo, o yo lo creo, del verbo crear.
Para que escribir una historia sino tengo un final.
Salí a la calle y nada era igual, que estupidez que sentido tiene si nada existe, o si, pero todos saben y para que filosofar si es repetir lo que otros ha dicho sino que ellos si lo explican bien.
Un oscuro mar denso y tenso por los ruidos que llegan de la ciudad, un mar contaminado profundo, en penurias que he derramado desde mi ventana, corren rápidas por los canales y llegan a su gran morada, un mar negro y profundo como tus ojos que están malditos, tus ojos que no aceptaron mis penurias, ya bastantes tendrías, mujer maldita que rasga su vientre y expulsa convirtiendo vida en muerte, no mereces perdón pero acaso quien lo da, acaso quien lo merece.
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